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América Latina y el Caribe como reservas estratégicas de minerales

América Latina y el Caribe como reservas estratégicas de minerales

 

Gian Carlo Delgado Ramos

 

INTRODUCCIÓN

 

La extracción de recursos naturales en la periferia a favor de los países metropolitanos no se limita a los últimos tiempos. Tiene sus orígenes desde inicios de la expansión del sistema capitalista de producción. La época colonial se caracterizó por el saqueo masivo de metales preciosos u otros recursos estratégicos -como el guano, en su momento. Se calcula que en América Latina (AL) entre 1503 y 1660, con base en datos de los Archivos de las Indias, el saqueo representó una extracción, tan sólo de metales preciosos, del orden de unos 185 mil kilos de oro y unos 16 millones de kilos de plata. Para el caso puntual de México, la extracción de plata, entre 1521 y 1921, representó cerca de dos terceras partes del total de la producción mundial de ese metal o más de 155 mil toneladas, con un valor estimado para ese último año de 3 mil millones de dólares (Kluckhohn, 1937).

Como es lógico, la explotación minera hoy día está fundamentalmente delimitada por la localización de las actuales reservas de los distintos minerales, aunque de especial interés sugieren ser aquellas emplazadas en los países periféricos donde, como en la colonia, los costos de producción se reducen al máximo a costa de altos costos económico sociales. La mayoría de las veces esto coincide con el hecho de que, en efecto, el grueso de reservas de tal o cual mineral se encuentran en países periféricos. Tal es el caso del cobalto que a nivel mundial se concentra en el Congo y Cuba; del litio en Bolivia, Chile y México; del oro en Sudáfrica; de la bauxita en Guinea y Vietnam (además de Australia); de la plata en Polonia, China, México (además de EUA); del cobre en Chile y Perú; o de las tierras raras en China (USGS, 2009-A).

La extracción y transferencia de minerales hacia los países metropolitanos -principales consumidores-, en esencia se observa como un proceso similar al del saqueo colonial, con la diferencia de que hoy por hoy se sostiene bajo el ropaje del comercio internacional y el "libre mercado". El esquema funciona a partir de la conformación y mantenimiento de economías netamente extractivas en los países periféricos que permiten a las empresas nacionales, pero también a las extranjeras, ocuparse de transferir flujos crecientes de recursos por la vía del funcionamiento de lo que se ha calificado como "economías de enclave", es decir, de aquellas que transfieren recursos a favor de los acreedores sin generar encadenamientos económicos endógenos de relevancia. Esto es claro no sólo para el caso del petróleo que cuando es extraído por países periféricos, típicamente es vendido en crudo al mercado internacional. También sucede con los minerales que son extraídos y vendidos sin mayor procesamiento más allá del de su fundición y en algunos casos de algún grado de refinamiento. El gran negocio metal mecánico no es en esencia periférico sino metropolitano.

Los datos son claros en cuanto a la naturaleza extractivista de la participación de América Latina en la economía mundial. Si se revisan las 500 mayores empresas de la región al año 2008 (www.americaeconomia.com), se corrobora que poco más de la tercera parte de las mayores empresas operando en América Latina (AL) están vinculadas de algún modo al sector extractivo, ello sin incluir aquellas avocadas al sector agroindustrial, al del rastreo de biodiversidad y su conocimiento asociado con potencial comercial para la industria farmacéutica, química y afines, o al del embotellamiento de agua para su exportación (al respecto véase: Delgado, 2004 y 2005).

El mencionado mecanismo de transferencia de recursos naturales se ha afianzado y apuntalado en el tiempo, por un lado, a partir del pago de intereses de las deudas externas que tienen los países periféricos con los metropolitanos. Por el otro, desde un sostenido comercio ecológicamente desigual que se caracteriza tanto por una fuerte divergencia del tiempo- natural- necesario para producir los bienes exportados (un tiempo mucho más largo que aquel que requieren los bienes industriales- y servicios de los países metropolitanos), como por la falta de incorporación de los costos socio ambientales en el valor de las exportaciones de los países periféricos extractivos (algo en sí verdaderamente complejo)

Como respuesta a tal fenómeno, una serie de especialistas en la materia han venido hablando -ya desde 1992 con el Instituto de Ecología Política de Chile (IEP)- de una deuda ecológica que tienen los países metropolitanos con la periferia (o del "Norte" con los del "Sur") (Martínez-Alier, 2003: 9). Ello se debe a que los últimos, como se puntualizó, tienen que aumentar su productividad y sobre explotar sus recursos naturales a modo de poder pagar los intereses de su deuda externa. Y, como se suele decir en la jerga de la economía ecológica. dado que los tipos de interés son usualmente altos y el peso de la deuda es grande, se infravalora el futuro y se relegan las cuestiones ambientales a favor del presente (Martínez-Alier, 2003).

No sorprenden, entonces, los datos proporcionados en 1999 por Schatan, cuando indicaba que:

... el volumen de exportaciones de América Latina ha aumentado desde 1980 hasta 1995 en un 245 por ciento. Entre 1985 y 1996 se habían extraído y enviado al exterior 2,706 millones de toneladas de productos básicos, la mayoría de ellos no renovables. El 88% corresponde a minerales y petróleo. Haciendo una proyección hacia e1 2016 se calcula que el total de exportaciones de bienes materiales de América Latina hacia el Norte sería de 11.000 millones de toneladas. En contraste, vale señalar que entre 1982 y hasta 1996, en catorce años, América Latina había pagado 739.900 millones de dólares por concepto de deuda externa, es decir, más del doble de lo que debía en 1982- unos 300.000 millones de dólares- y sin embargo seguía debiendo 607.230 millones de dólares. (Schatan, 1999)

La tendencia se mantiene hasta ahora. De 1985 al cierre de 2004, la deuda de AL pasó de 672 mil millones a 1.459 mil millones de dólares (Toussaint, 2006: 163). Incluso, si se considera la transferencia financiera neta anual (diferencia entre el pago del servicio de la deuda y la repatriación de beneficios por las multinacionales extranjeras, con respecto a los ingresos exógenos brutos como donaciones, préstamos e inversiones), ésta ha sido negativa para América Latina prácticamente toda la década de 1980, 1990 Y lo que va del presente milenio (Toussaint, 2006)

Ahora bien, el impacto socio ambiental del esquema descrito, como puede deducirse, es de orden mayor. Un panorama que se recrudece si se contemplan las diversas infraestructuras que se han emplazado y se tienen proyectadas como parte de proyectos de "desarrollo" de tipo extractivo e industrial-maquilador (autopistas. ferrocarriles de alta velocidad. hidroeléctricas, hidrovías, etcétera). Ello es así dado que, por un lado, tal infraestructura impacta directamente en los ecosistemas, muchas veces de modo irreversible y porque, por otro, justamente esa infraestructura es la que permite intensificar la explotación de la población y los ecosistemas para facilitar la transferencia de riqueza a favor de los acreedores, particularmente de EUA, una potencia que históricamente ha mantenido una vasta proyección -incluyendo la militar- sobre la región, y que ante crecientes índices de dependencia de recursos de otros países ha profundizado la "securitización" o geo-politización de los recursos hemisféricos (véase: Delgado 2003, 2006 y 2009-A)

 

 

La mayoría de las compañías mineras más grandes del mundo son originarias de Australia, Canadá, Estados Unidos de América (EUA), Reino Unido, Sudáfrica y Brasil. Aunque el grueso de éstas operan en el continente Americano, las preponderancias varían según el tipo de mineral y región.

La extracción de metales preciosos (oro y plata) en el continente está fuertemente dominada por capital canadiense (e.g. GoldCorp, Barrick) seguido del estadounidense. Cuando se trata de otro tipo de minerales, la situación es diversa pues predomina el capital estadounidense (e.g., The Renco Group, Freeport-McMoran CopperS GoId, Newmont, Drummond o Anglo American en asociación con capital inglés), brasileño (e.g., Vale, Votorantim, Paranapanema), chileno (e.g., Codelco, ENAMI, Antofagasta ac-Luksíc) y mexicano (e.g. Grupo México, Peñoles); aunque también se identifica en menor medida capital australiano, japonés e incluso chino (e.g., BHP BílIiton, Mitsubishi o Sumitomo Corp)

De notarse es que muchas veces en América Latina, el capital minero internacional opera en asociación con capital local o regional (situación que lleva en muchas ocasiones a la adquisición total del proyecto por parte de dichos capitales foráneos). Por ejemplo, Industrias Peñoles, que destina 75% de su producción al mercado mundial (sólo EUA representó en 2006 el 61% de las ventas totales de la empresa), tiene un acuerdo para la producción de plomo y zinc con Dowa Mining y Sumitomo Corporation que es la que adquiere y envía el zinc a Japón (aunque también compra plata). Lo mismo pasa con la mina de oro más grande de México, La Herradura, en la que la empresa mexicana opera en asociación con Newmont Gold de EUA (Peñoles, 2007: 23, 27). Las actividades de plata en el lote de juanicipío I. se hacen en alianza con la canadiense Mag Silver, que posee el 44% del proyecto. También, Peñoles extrae cobre en Sonora con la Corporación Nacional de Cobre de Chile (Codelco) por medio de la subsidiaria conjunta: Pecobre (51% propiedad de Peñoles, 49% de Codelco) (Peñoles, 2007: 18)

En este contexto, es de advertirse cómo el capital minero internacional maniobra con un formidable apoyo por parte de los gobiernos latinoamericanos que incentivan la transferencia de la riqueza mineral por la vía de otorgar facilidades e incentivos económicos al capital extranjero (e.g., pago minúsculo por derechos de extracción y exportación [en México, este último impuesto no se cobra], importación libre de aranceles de maquinaria y equipo, escasa regulación ambiental y laboral, certeza jurídica a la inversión extranjera directa, etcétera). Esta situación, con sus relativas diferencias, se registra incluso en el caso de países con gobiernos progresistas como lo sugiere ser el de Rafael Correa en Ecuador, un país donde el 20% de su territorio (629,751 hectáreas, incluyendo zonas naturales protegidas) ha sido concesionado para dicha actividad en medio de todo un contexto de rechazo social, calificado por el presidente como de "izquierdismo infantil" y de "fundamentalismo ecológico"2. Lo relevante del punto es que la extracción minera por parte del capital internacional (y muchas veces por parte de monopolios nacionales) suele ser extractivista en sumo grado, con pocos encadenamientos productivos endógenos. y socio ambientalmente devastadora tanto en países subordinados y neoliberales como México como en aquellos de gobierno alternativo o progresista.

La facilidad de operación del capital minero se favorece no sólo del apoyo gubernamental antes mencionado o de mano de obra barata, sino también de energía barata. Esto es relevante para los procesos extractivos vinculados al sector minero siderúrgico pues sobre todo la fundición puede llegar a emplear una cantidad gigantesca de energía, misma que se obtiene del propio país anfitrión. A ello se suma el coste ambiental que implican tales procesos extractivos y de generación de energía, mismos que terminan por internalizar los países explotados. Por ejemplo, llaman sobre todo la atención los casos de: Vale (Brasil) con un consumo mensual promedio de 1.368 MW; Votorantim (Brasil) con 1,232 MW; Alumar (Brasil. propiedad de BHP Billiton, Alcoa y Rio Tinto-Alean) con 812 MW; Albras (Brasil. propiedad del Banco Japonés de Cooperación Internacional. Vale y Nippon Amazon Alumlnlum) con 800 MW; Companhia Brasileira de Aluminio (Brasil) con 754 MW; Grupo Gerdau (Brasil) con 575 MW: entre otros (Sin autor. 2007: 54).

Se suma el despojo de las tierras cuando es necesario, así como el uso masivo de agua que requiere dicho sector minero metalúrgico y que, muchas de las veces, genera conflictos por el acceso, uso y usufructo del recurso. Además, al final del proceso, el líquido es desechado con altos índices de contaminantes como lo son metales pesados, arsénico, cloratos, cianuro u otros. Tales costos, entre otros, pero sobre todo los de largo plazo, en ningún momento son tomados seriamente en cuenta, ni siquiera de algún modo en el valor de los minerales extraídos y por tanto en los impuestos por cobrar al capital minero. En ese sentido, se puede afirmar que la minería carga consigo una pesada mochila socio-ecológica. En el caso puntual del agua, hablaríamos de una vasta huella hídrica3. En Australia, por ejemplo, se considera que la minería tiene el índice de uso de agua más intensivo de toda la industria extractiva del país; un sector que en total emite 80% de sus desechos al agua (la minería de hierro, cobre, carbón. plata, plomo, y zinc son los que más contribuyen en este sentido)4. En EU América, el coeficiente de uso de agua por tonelada de mineral crudo extraído varía de entre 636 y 7,123 litros para el caso de la minería de metales; de entre 227 a 268 litros para el caso del carbón; y de entre 136 y 4,532 litros para el caso de minerales no metálicos (excepto minerales energéticos) (USGS. 2009-B). Alrededor de dos terceras partes del agua se obtiene de mantos freáticos y el resto de aguas superficiales. Las aguas de desecho en muchas ocasiones no son manejadas apropiadamente y la infraestructura que las contiene no recibe el mantenimiento adecuado. Cuando los procesos mineros terminan, tal y como lo demuestra la historiografía, se convierten en un problema de largo plazo que normalmente las empresas mineras dejan a pesar de la implementación de programas de desmantelamiento, reparación y retiro pues ésos suelen ser ineficaces.

A dichos costos ocultos se suma el hecho de que, además, la minería es una actividad que está lejos de reducirse en términos de tonelaje de minerales extraídos (consecuentemente, sucede lo mismo respecto a sus costos e impactos directos). De 1980 al 2000, la extracción de materiales en AL se incrementó considerablemente debido al sector minero de Chile y Perú. Al esquema extractivo se añade, para ese mismo periodo, una mayor explotación de biomasa y petróleo en Ecuador, así como de materiales de construcción en México (Russi et al., 2008: 704). La tendencia se corrobora más recientemente para el periodo 1995-2006 cuando, en particular, Chile, Perú y Brasil intensificaron su producción aprovechando los altos precios internacionales (sobre todo los de 2004a 2007), acaparando así el grueso de ingresos por venta de minerales de toda América Latina (UNCTAD, 2008). El resto de países de la región aprovecharon también la coyuntura, aunque por su tamaño geoeconómico no lograron indicadores como los anteriores. Bolivia, por ejemplo, vio incrementar su extracción minera en 39% durante el 2008 (Sin autor, 2009-A)

Lo arriba indicado adquiere un mayor grado explicativo si se toma nota de que la exportación de minerales de Chile en el año 2000 representó el 52% del peso de las exportaciones. Un 37% de las exportaciones fue biomasa, mientras que un 70% de las importaciones en términos de peso correspondió a petróleo (Russi et al, 2008: 712). Ello revela el carácter extractivo de la economía chilena, así como la fuerte dependencia energética de ese país.

En el mismo sentido, llama la atención que en el caso mexicano, el 58% de las exportaciones en términos de peso fuera, en el 2000, petróleo crudo, mientras que el 16% fueron minerales no metálicos, incluyendo materiales de construcción y 10% biomasa (Russi et al., 2008). Con tendencia similar, 60% de las exportaciones en términos de peso de Ecuador correspondieron a combustibles fósiles, mientras que 24% a productos agrícolas y pesqueros (Russi et al., 2008). Tales esquemas de extracción masiva de combustibles fósiles, fundamentalmente petróleo, constituyen la principal transferencia de riqueza hacia el exterior de ambos países; todo sobre la base del recurso estratégico más relevante para el sistema de producción actual y que de refinarse puede generar ingresos de hasta 20 veces su valor en crudo (negocio que como se señaló queda en manos de países metropolitanos y sus empresas). Lo irrisorio por tanto, es que, por ejemplo, México, desde 1991, transfiriera a EUA grandes cantidades de crudo a ritmos de entre 70% y 75% de sus exportaciones, lo que acumula desde entonces unos 20 a 2S mil millones de barriles. Al mismo tiempo, ha importado cantidades crecientes de gasolina5, a fines de la primera década del siglo XXI, en cantidades que rondan el 40% de la que consume el país.6

Ahora bien, a pesar de que muchos minerales extraídos en AL no necesariamente son de gran importancia en términos de la composición de la actividad comercial internacional de tal o cual país (en gran medida debido a su permanente bajo precio, sobre todo si se mira en términos históricos), esos sí figuran como materiales clave en la economía mundial pues son fundamento de muchos procesos productivos, tanto civiles como militares. Lo señalado es claro para el caso de México donde, por ejemplo, la contribución del sector minero en el PIB nacional pasó de 1.63% en 1983 a 1.1% en 2008 (Cámara Minera de México, 2008: . En otros países donde el peso de la maquila o del sector petrolero no es tan alto, la minería tiene desde luego una mayor contribución. Por supuesto, la plata y oro de México, el Jitio de Bolivia, el cobre de Chile o el cobre y oro de Perú, entre otros, son casos de minerales de gran relevancia vistos desde el contexto minero nacional, no obstante, lo que se quiere advertir es que existen una serie de minerales que se extraen, en muchos casos como subproductos de proyectos mineros tradicionales, que en ocasiones son más relevantes en términos de su carácter estratégico y que, sin embargo, suelen mandarse al exterior sin mayor control.

Tomando nota de lo anterior es que se puede argumentar que AL se coloca como reserva estratégica de ésos, pero también de otros recursos (Delgado, 2003, 2006 y 2009A y 2009-B; Saxe-Fernández, 2009), de ahí que desde 1994 se colocara como el principal destino de gastos en exploración minera a nivel mundial. Sólo en 2008, se adjudicó el 25% del total de inversión, siendo México, Perú y Chile los principales receptores (Gobierno Federal, 2009: 10). Canadá se posicionó en el segundo lugar a nivel mundial con el 1996 de la inversión total (Gobierno Federal, 2009: 10)

Por lo descrito, es claro que el rol abastecedor de América Latina por la vía de economías extractivas de enclave ha dejado y parece que seguirá dejando poco más que despojo, explotación y una creciente deuda ecológica. El caso mexicano es un claro modelo de ese tipo de economías. Además de la inusitada transferencia de crudo antes mencionada, la transferencia de minerales tan sólo hacia EUA rondó en el 2008 el orden del 6096 del total de las exportaciones o poco más de la mitad de la producción minera nacional, mientras que un 1896 se fue hacia Europa (Gobierno Federal, 2009: 204).

 

Notas

2 - Correa impulsó, en 2008, una nueva Ley Minera, misma que firmó a principios de 2009. Se trata. Según Correa de una propuesta importante para el desarrollo de Ecuador, por ser un sector con potencial que permitiría el desarrollo integral del país, Todo lo contrario opinó Acción Ecológica. una ONG ecuatoriana que abiertamente se opuso y que por ello fue cerrada y, posteriormente, ante la fuerte presión nacional e internacional, restituida su personalidad jurídica, Para tal ONG, “…el proyecto de Ley de minería, con ligeras modificaciones, como la relacionada a una mayor participación del Estado en los resultados de la actividad; la creación de una empresa estatal minera; y la incorporación de una retórica de disposiciones ambientales, se inscribe ... en el modelo neoliberal de apertura y tratamiento privilegiado a la inversión extranjera directa en la minería…" (www.accionecologica.org/images/2005/ minería/documentos/analisisleyminera.pdf)

3 - La mochila ecológica es la suma de materiales y energía utilizados a lo largo de todo el ciclo de vida de un recurso o bien. En el caso del segundo, desde la obtención de la materia prima, su creación, hasta su desecho e incluso, para algunos autores, su reciclaje. la huella hídrica es un Indicador del uso del agua que toma en cuenta el uso directo e indirecto del agua. Es, en el caso de la minería, el volumen de agua empleada en-la extracción y procesamiento del mineral y el desecho de la misma (ya contaminada). Por tanto, la huella hídrica considera tres componentes: el consumo de agua de lluvia, el consumo de agua extraída de fuentes superficiales y subterráneas y la contaminación del agua.

4 - Es de advertirse que la minería de metales contribuyó en 2006- 2007 con el 13% de las emisiones de sustancias a nivel nacional, la manufactura de metales no ferrosos básicos con el 0.5% y la manufactura de metales ferrosos básicos con el 896. la contaminación de tierra con plomo se atribuye al sector minero en un 84% para ese mismo periodo. la contaminación con mercurio corresponde para tales desafíos en un 10% a la minería de metales y en un 65% a la manufactura de metales no ferrosos (véase: Gobierno de Australia, 2008)

5 - Cálculos con base en datos de (Bp, 2004)

6 - El aumento de las importaciones de gasolina en México son inusitadas, más siendo país petrolero. Al año 2000, 12% de las importaciones de México en términos de peso fue gasolina y 56% productos terminados y partes para su ensamblaje por la Industria maquiladora (Russi et al; 2008: 712). La dependencia petroquímica es, pues, mayor, dado que se pasó de 137 mil barriles diarios en 1998, a 309 mil barriles diarios en 2007. Más aún, las proyecciones al 2015 calculan 489 barriles diarios importados (Paz, 2008: 67)

 

PROCESOS PRODUCTIVOS Y DEPENDENCIA DE MINERALES.

América Latina como reserva estratégica.

 

El avance científico-tecnológico, tanto en lo civil como en lo militar, continuamente modifica el carácter estratégico de los materiales. Por ejemplo, no es hasta la invención de la energía eléctrica y su popularización, que el consumo de cobre se intensifica como nunca en la historia humana. Algo similar sucede con el hierro y el aluminio a la par del avance de los sistemas de transporte. El caso del automóvil es nítido ya que en promedio contiene hasta 39 tipos de minerales en diversos componentes, además de plástico, caucho, y otros materiales de base orgánica7. El contenido promedio de cobre se ha incrementado dramáticamente pues, en 1948, un automóvil familiar contenía 55 cables de cobre de unos 45 metros en total. A principios del siglo XXI, el cableado ronda los 1.500 cables de una extensión total de 1,6 kilómetros (Committe on Critical Mineral Impacts of the US Economy et al.; 2008: 52). Se suman otros minerales clave que tienen los convertidores catalíticos para controlar las emisiones del motor. Las reservas de éstos -denominados metales nobles- son bajas, el reciclaje costoso e insuficiente para la demanda actual y, para el caso del rodio y el lantano, denota el hecho de que no hay sustitutos disponibles hasta la fecha. Finalmente, se suman las tierras raras, también como componentes de los convertidores catalíticos, que conforman ya el 46% del consumo doméstico total de EUA (Gobierno Federal, 2009: 53)

A lo señalado deben sumarse los patrones de consumo contemporáneos puesto que ya han puesto en duda la capacidad de abastecimiento creciente y seguro. Se trata de un hecho que desde la segunda guerra mundial ya era reconocido por William Clayton, entonces subsecretario de Estado de EUA cuando indicó que:

... debido al serio desgaste de nuestros recursos naturales durante la guerra, debemos ahora importar muchos minerales y metales [...} Ciertamente hoy somos importadores netos de casi todos los metales y minerales importantes excepto dos, el carbón y el petróleo. Quién sabe por cuánto tiempo podremos seguir adelante sin importar petróleo. (Kolko, 1972: 13)

A principios del siglo XXI, lo anterior se coloca como una cuestión de preocupación mayor, más cuando se registra un aumento considerable del consumo de dichos materiales por parte de países como China. Y es que la demanda es cada vez mayor.

Se estima que cada año se requieren alrededor de 11,3 toneladas métricas de minerales no energéticos para satisfacer las necesidades voraces de cada estadounidense (Committe on Critical Mineral Impacts of the US Economy et al.; 2008: 1). No extraña entonces que la dependencia de EUA sea efectivamente creciente. En 1980, ese país dependía al 100% de cuatro minerales y de entre un 30 y un 99% de 16 más. En 1992, la dependencia era de 8 y 22 minerales, respectivamente y, para 2008, de 18 y 30, respectivamente (USGS, 2009-A). Para un listado de algunos de los más relevantes por su grado de dependencia y tipo de uso, véase el cuadro I. (por razones de espacio lo publicaremos en la próxima nota)

 

Consumo y dependencia de minerales esenciales: una revisión desde el caso estadounidense.

En términos generales, los minerales no preciosos que destacan por su dimensión de uso en términos de peso y dependencia (combinados) se denominan esenciales pues permiten al sistema actual de producción materializarse; Para el caso de EUA son fundamentalmente la bauxita óxido de aluminio (alúmina), el zinc, el cromo, el níquel y el cobre.

Datos de 2008 (USGS, 2009-A: 28-29) muestran que la dependencia estadounidense de bauxita / óxido de aluminio fue de) 100% al registrar importaciones por 11 millones 600 mil toneladas métricas de bauxita y 2 millones 600 mil toneladas métricas de óxido de aluminio. Las importaciones de bauxita para el 2008 provinieron en un 31% de Jamaica; 22% de Guinea; 19% de Brasil; 12% de Guyana; y el resto de otros países. En lo que refiere al óxido de aluminio, un 45% provino de Australia; 23% de Surinam; 12% de Jamaica: 7% de Brasil; y el resto de diversos países. Dicho de otro modo, el continente americano, excepto EUA, cubrió casi el 50% de la bauxita y óxido de aluminio importado por ese país y alrededor de dos terceras partes del aluminio (Canadá aportó el 5596 de las importaciones estadounidenses del mineral, Brasil 4% y México -2 por ciento) (USGS, 2009-A: 17-18 y 28-29). Las cifras anteriores toman las dimensiones geoeconómicas y geopolíticas adecuadas cuando se tiene en consideración que el 4696 de las reservas mundiales de bauxita (estimadas entre 55 y 75 mil millones de toneladas métricas) se localizan en Sudamérica (24%) y en el Caribe (22%).

En el caso del cobre, la dependencia estadounidense en 2008 fue de un 33% en términos del consumo nacional de ese país. Las importaciones de cobre sin manufacturar fueron cubiertas por Chile en un 4096 (lo hacía en 2004 en el orden del 26%); Canadá en un 3396, Perú en un 13% y México en un 6%. Entre las reservas más importantes de cobre en el hemisferio y que históricamente han sido transferidas a pesar de los altos costos ambientales hacia EUA u otros países como Japón y China, que ahora se colocan a nivel mundial como importadores netos de cobre por encima de EUA, están las chilenas con cerca de 360 millones de toneladas métricas o el 35-40% de las reservas base en el mundo. Otras son las peruanas con 120 millones, las mexicanas con unos 40 millones y las canadienses con 20 millones de toneladas métricas (USGS, 2009-A: 51).

El zinc otorga propiedades anticorrosivas al acero galvanizado y es utilizado para este fin en un 50% a nivel mundial y en un 55% en EUA; para otro tipo de aleaciones se usa en 2196 yen la producción de latón y bronce en un 1696 (USGS, 2009-A: 186). La dependencia de EVA en importaciones es del 7396 del consumo doméstico de ese mineral refinado, porcentaje relativamente estable desde principios de siglo. Los principales países de origen del mineral en bruto y en concentrados son Perú con el 6996 de las importaciones en esa modalidad, Irlanda con el 1496, México con el 1296 y Australia con el 496. En forma de metal refinado, el origen es: Canadá con 6696 de las importaciones, México con el 1696, República de Corea con el 496 y Australia con el 396. Sumando la chatarra procesada, Canadá, Perú y México aportan el 8296 del mineral (USGS, 2009-A: 186). Esto toma su correcta dimensión al tomar nota de que 168 millones de toneladas métricas, de las 480 millones de toneladas métricas de reservas mundiales base, corresponden al continente Americano. Esto es el 3596 de las reservas base mundiales8.

 

NOTAS

7- De las 2,6 a 3 toneladas de peso promedio, un automóvil contiene unos 963 kilos de hierro y acero, 109 kilos de aluminio, 23 kilos de carbón, 19 kilos de cobre, 19 kilos de silicón, 11 kilos de plomo 19 kilos de zinc, 8 kilos de manganeso, 0,9 kilo de sulfuro, 4,5 kilos de molibdeno, menos de 450 gramos de vanadio, 1,5 a 3 gramos de platino y rastros de otros metales como antimonio, cadmio, cobalto, feldespato, galio, oro, grafito, mica, paladio, titanio, entre otros. Se suma además unos 40 kilos de hule y125 kilos de plásticos (Committe on Critical Mineral Impacts of the US Economy et al. 2008. 8, 51) (Comité sobre impactos de minerales críticos en la economía de Estados Unidos)

8- EUA cuenta con 90 millones, Canadá con 30 millones, México con 25 millones, y Perú con 23 millones (USGS, 2009-A: 186). Esto significa que la dependencia de EUA es en el corto plazo relativa, pues se supone que cuenta con casi la quinta parte de reservas base a nivel mundial.

El 10% del cromo a nivel mundial es consumido por EUA y se utiliza fundamentalmente en la producción de acero inoxidable (aleación con un contenido mayor al 1296 de cromo), en cromados, pinturas cromadas, cintas magnéticas, como catalizador, etcétera. La dependencia estadounidense alcanzó en 2008 el 5496 del consumo doméstico (500 mil toneladas). aunque en 2004 rondaba el 64%. Los principales países de origen de tales importaciones fueron Sudáfrica con 35%, Kazakstán con 19%, Rusia con 6% y Zimbabue con 5%; los dos primeros países concentran alrededor del 95% de las reservas mundiales del mineral.

El caso del níquel es relevante pues a nivel mundial es empleado en dos terceras partes para la producción de acero inoxidable (en EUA es utilizado en la producción de acero inoxidable en un 52% y en aleaciones y superlaciones no ferrosas en 3496) (USGS, 2009-A: 110). En 2008, la dependencia de EUA fue del 33% del consumo nacional de ese país. Sin embargo es de notar que en 2004 ésa era del 49% (USGS, 2009-A 110). Dicha reducción parece explicarse en una caída mínima del consumo de ese mineral y en un incremento de la compra de chatarra, misma que representó el 38% de la producción secundaria estadounidense de níquel (de 77,300 toneladas). Aún así, la dependencia estadounidense de níquel se reflejó en importaciones procedentes de Canadá en un 43%, de Rusia en un 15%, de Noruega 10% y de Australia en 8%, entre otros países (uses, 2009-A 110). Las mayores reservas base en el continente están en Cuba con unas 23 millones de toneladas métricas. Le sigue Canadá con 15 millones de toneladas; Brasil con 8.3 millones; Colombia con 2.7 millones; República Dominicana con un millón; y Venezuela con 630 mil toneladas métricas.

Vale señalar que EUA es también dependiente de otros minerales. No se han mencionado anteriormente, dado que estos o bien son menos importantes en términos de su rol en los procesos productivos o porque, a pesar de ser en extremo relevantes, registran, sin embargo, un consumo mucho menor (en cuanto a su cantidad). De ahí que para esos casos se requiera de otro tipo de clasificación.

 

Procesos productivos y dependencia de minerales

América Latina como reserva estratégica

Continuación de la Nota III

El 10% del cromo a nivel mundial es consumido por EUA y se utiliza fundamentalmente en la producción de acero inoxidable (aleación con un contenido mayor al 1296 de cromo), en cromados, pinturas cromadas, cintas magnéticas, como catalizador, etcétera. La dependencia estadounidense alcanzó en 2008 el 5496 del consumo doméstico (500 mil toneladas). Aunque en 2004 rondaba el 64%. Los principales países de origen de tales importaciones fueron Sudáfrica con 35%, Kazakstán con 19%, Rusia con 6% y Zimbabue con 5%; los dos primeros países concentran alrededor del 95% de las reservas mundiales del mineral.

El caso del níquel es relevante pues a nivel mundial es empleado en dos terceras partes para la producción de acero inoxidable (en EUA es utilizado en la producción de acero inoxidable en un 52% y en aleaciones y superlaciones no ferrosas en 3496) (USGS, 2009-A: 110). En 2008, la dependencia de EUA fue del 33% del consumo nacional de ese país. sin embargo es de notar que en 2004 ésa era del 49% (USGS, 2009-A 110). Dicha reducción parece explicarse en una caída mínima del consumo de ese mineral y en un incremento de la compra de chatarra, misma que representó el 38% de la producción secundaria estadounidense de níquel (de 77,300 toneladas). Aún así, la dependencia estadounidense de níquel se reflejó en importaciones procedentes de Canadá en un 43%, de Rusia en un 15%, de Noruega 10% y de Australia en 8%, entre otros países (uses, 2009-A 110). Las mayores reservas base en el continente están en Cuba con unas 23 millones de toneladas métricas. Le sigue Canadá con 15 millones de toneladas; Brasil con 8.3 millones; Colombia con 2.7 millones; República Dominicana con un millón; y Venezuela con 630 mil toneladas métricas.

Vale señalar que EUA es también dependiente de otros minerales. No se han mencionado anteriormente, dado que estos o bien son menos importantes en términos de su rol en los procesos productivos o porque, a pesar de ser en extremo relevantes, registran, sin embargo, un consumo mucho menor (en cuanto a su cantidad). De ahí que para esos casos se requiera de otro tipo de clasificación.

 

Los minerales estratégicos y críticos desde la perspectiva estadounidense.

Si la importancia de los minerales se indaga desde el punto de vista del tipo de uso que se les da y ya no en términos del tamaño de su consumo, el asunto es totalmente diferente. Desde tal perspectiva y partiendo de una visión sistémica, los materiales se pueden clasificar en estratégicos y críticos.

Se entiende por minerales estratégicos aquellos que son clave para el funcionamiento concreto-material del modo capitalista de producción y/o para el mantenimiento de la hegemonía regional y mundial. Éstos son escasos o relativamente escasos, sea debido a las limitadas reservas existentes o como producto de relaciones de poder establecidas que limitan en, ciertos contextos socio históricos, el acceso, gestión y usufructo de los mismos. Y, aún más, pueden o no tener sustituto, una cuestión que depende de la factibilidad y viabilidad material y técnica de ser reemplazados (vía otro recurso, vía el avance científico tecnológico). Por su parte, los minerales críticos, si bien ciertamente son estratégicos, tienen la particularidad de contribuir con el mantenimiento de la hegemonía desde el ámbito militar. Esto es, son base de la producción de equipo militar, en especial de aquel de vanguardia.

En el caso de EUA. Los minerales considerados como estratégicos desde la visión del propio gobierno son fundamentalmente las tierras raras (lantano, cerio. praseodimio, neodimio. prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmío, erbio, tulio, iterbio y lutecio), el renio, el cobalto, el berilio y, en segundo orden, el germanio y el cromo (Committe on Critical Mineral Impacts of the US Economy et al., 2008: 48). Y es que, por ejemplo, del grupo de las tierras raras, el neodimio se utiliza en la fabricación de magnetos súper fuertes, mientras que el samario en magnetos de samario-cobalto (Committe on Critical Mineral Impacts of the US Economy et al., 2008: 48). El germanio en cambio, en fibra óptica, radares y electrónicos, dadas sus propiedades semiconductoras de electricidad (Committe on Critical Mineral

Impacts of the US Economy et al., 2008: 48: 8, 63)

Los minerales críticos para ese mismo país son, sobre todo, indio, manganeso, niobio, berilio, el grupo de metales de platino (platino, paladio, rodio, iridio, osmio y rutenio) y las tierras raras (Committe on Critical Mineral lmpacts of the US Economy et al., 2008: 10). El grupo de metales de platino y las tierras raras (con la mayoría de reservas en China) destacan entre los materiales críticos por su variedad de usos. Por ejemplo, se emplean en la fabricación de circuitos integrados, electrónicos, capacitadores o monitores de cristal líquido. De modo similar, el indio se utiliza en una amplia gama de aplicaciones, desde interruptores cerámicos magnéticos que se usan en los celulares y otros sistemas de comunicación, hasta la fabricación de pantallas planas.

Es interesante observar que el berilio y las tierras raras figuren tanto en la lista de minerales estratégicos, como en la de críticos. Esta situación habla de su paradigmática peculiaridad, misma que sugiere responder a la variedad de sus usos en aplicaciones de tipo dual. El berilio, por ejemplo, tiene características mecánicas y propiedades nucleares de gran interés. Se emplea en la fabricación de computadoras, sensores, aviones, misiles, satélites y hasta en cabezas nucleares. EUA consumió, en 2008, unas 140 toneladas, de las cuales casi la mitad se utilizaron en la industria de computadoras y telecomunicaciones, mientras que el restante en la aeroespacial y aplicaciones de defensa, entre otras (USDG, 2009-A: 30). Importa el mineral en un 58% de Kazakhstan, en 10% del Reino Unido, 9% de Irlanda y el 7% de Japón (USDG, 2009-A. 30)

Ahora bien, otros minerales importantes, ciertamente estratégicos en la economía mundial, son el galio, el titanio y el litio. El galio se utiliza en LEDs, circuitos integrados, y junto con el cadmio, selenio, telurio e indio en la industria de las celdas fotovoltaicas. El titanio (el grueso extraído de Australia) es clave en la construcción de los marcos estructurales y sistemas de propulsión de los aviones, y el dióxido de titanio de alta pureza es básico para el corazón dieléctrico de los teléfonos. El litio se emplea de modo creciente en la fabricación de baterías de alto rendimiento, necesarias para el funcionamiento de electrónicos de nueva generación. Lo peculiar de este último caso, desde una perspectiva latinoamericanista, es que cerca de la mitad de las reservas mundiales, unos 5.4 millones de toneladas, están en territorio boliviano (específicamente en las llanuras salinas de Uyuni) (Sin autor, 2009-B). Ello convierte al país en un espacio-territorial central para el futuro de dicha industria.

 

Notas

Es de precisarse que las tierras raras (los lantánidos) se encuentran fundamentalmente en minerales como bastaesnita, monacita, cerita, xenotima y gadolinita. Minerales como feldespato, biotita y apatito tienden a concentrar las tierras raras ligeras (según su peso atómico), mientras que los piroxenos, ansíboles y granate concentran comúnmente las tierras raras pesadas (según su peso atómico).


La securitización de los minerales: América Latina y la hegemonía estadounidense 
La necesidad estadounidense de mantener un stock de materiales críticos y estratégicos ha sido permanente desde 1939, no obstante, se observan características particulares a principios del siglo XXI, sobre todo a raíz de la ya descrita agudización de la dependencia de ese país con relación a las importaciones de ciertos materiales. Una revisión historiográfica es pues necesaria para situar y analizar de modo más preciso el contexto actual.
La Ley de Almacenamiento de Materiales Estratégicos y Críticos de 1939, antes señalada, fue sustituida por una nueva versión en 1946, que refinaba los parámetros de las necesidades nacionales de almacenamiento en términos tanto del uso del material como de su procedencia. Los usos militares fueron, a partir de ese momento, prioridad; noción nítidamente identificada por Hans Morgenthau, en 1948, cuando daba cuenta de que la seguridad del Estado era mejor lograda mediante la maximización del poder militar, misma que dependía de la escala económica nacional y del tamaño territorial, de la autosuficiencia nacional de recursos, y de fuertes capacidades tecnológicas (Morgenthau, 1948).
En dicha línea de acción, el gobierno de EUA consideró necesario, en 1950, almacenar suficientes materiales para un escenario de una guerra convencional de tres años continuos de movilización bélico-industrial, situación que condujo a que el valor del stock nacional de materiales alcanzara, dos años después, los 4 mil millones de dólares (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockpile, 2008: 25).
Para la década de 1960 el stock se ajustó para responder a 2,5 guerras simultáneas, lo que llevó a acumular materiales por un valor de 7.7 mil millones de dólares (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockpile, 2008: 26). En 1976 se introdujo la necesidad de ampliar el stock con base en las necesidades civiles esenciales en un contexto de guerra mayor a 3 años, para lo que se desarrolló un plan anual de materiales como principal mecanismo de planeación en el almacenamiento de materiales críticos y estratégicos. Es de notarse que la inclusión de "usos civiles" indicaba ya una fuerte agudización de la dependencia de ese país, misma que comenzaba a poner en riesgo no sólo la hegemonía militar sino incluso productiva en sectores clave de vanguardia. En 1980, el valor del stock nacional debía alcanzar entonces un valor de 20 mil millones de dólares, siendo el cromo y el manganeso, los materiales prioritarios por adquirir dada la creciente necesidad de "nuevas" aleaciones.
En ese momento, llama particularmente la atención la Ley de Almacenamiento de 1979 en donde se precisaba: “… un escenario de tres años de guerra en el que se consideraba que, además de los proveedores estadounidenses, sólo proveedores canadienses y mexicanos podrían ser considerados como fiables" (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockpile, 2008: 28).
Queda claro pues, que, por primera vez, la política exterior de EUA develó explícitamente la fuerte dependencia de materiales críticos y estratégicos al resolver que los recursos de los países vecinos inmediatos eran estratégicos para el mantenimiento de su hegemonía. Esto es, los recursos canadienses y mexicanos se tornaron desde entonces una cuestión de seguridad nacional estadounidense. He aquí presente la "securitización" (o geopolitización) de los recursos materiales continentales plasmados en la propia legislación de EUA.
En 1988, el sistema nacional de almacenamiento era transferido al Departamento de la Defensa bajo la figura de Centro Nacional de Almacenamiento de la Defensa. Desde la visión militar dominante, el stock fue ajustado en 1989 a 84 de 91 materiales listados, alcanzando un valor total de 9.6 mil millones de dólares (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockpíle, 2008: 26)12. La disminución se justificó no por una disminución de la dependencia de ese país, sino gracias a que el Departamento consideró que además de Canadá y México, ahora también los países de la cuenca del Caribe debían ser incluidos como fuentes fiables de materiales para reabastecer el stock nacional en 1991 (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockpile, 2008: 29). Ciertamente todo un antecedente en la geopolítica imperial de EUA para la región y el hemisferio.
Nótese que también en 1991, el Pentágono por prime¬ra vez colocó en su Estrategia de Seguridad Nacional a la degradación ambiental (y con ella la escasez de recursos) como una cuestión de "seguridad nacional"; noción que se repite en 1998 en la Estrategia de Seguridad Nacional para un Nuevo Siglo y que desde la Estrategia de Seguridad Na-cional de 2002 asocia al asunto la cuestión del terrorismo y el crimen organizado como un elemento que refuerza la necesidad de usar la fuerza militar para garantizar que los recursos lleguen al "mercado internacional" (véase: White House, 1991; 1998; 2002; 2006).
En 1993, se definía que el stock de materiales críticos y estratégicos debía servir a intereses exclusivamente militares, lo que llevó a que el stock valuado, en 1992, en 7.1 mil millones, se redujera hasta alcanzar, en el 2007, sólo 28 materiales almacenados en 3 repositorios por un valor total de 1,100 millones de dólares (Committee on Assessing the Need for a Defense Stockplle, 2008: 29). Parte de esta situación responde a una mayor selectividad de los materiales por parte del Pentágono; al cambio de hipótesis de escenario de guerra en 1997 (de una de orden mayor por 3 años a dos teatros de operación simultáneos por un año); a una 

Por lo anterior puede decirse que lo que caracteriza la geopolítica de EUA a principios del siglo XXI en torno a los recursos naturales es una creciente proyección diplo-militar y una ascendente operatividad formal y clandestina de fuerzas y/o grupos especiales en áreas abundantes en recursos. Esto, si bien se nota de modo marcado a nivel continental (reserva estratégica de EUA, desde su propia perspectiva), no se limita sino que se extiende a otras áreas clave del planeta.

En lo que se refiere a minerales, destaca particularmente África dada su riqueza geológica y grandes áreas sin explorar. De ahí que EUA definiera la conformación de Africom como frente diplo-militar en la zona, encargado de asegurarle un rol predominante. Y es que en 2005, la presencia China había sobrepasado la del Reino Unido, el tercer socio más importante de ese continente después de EUA y Francia. El interés chino denota particularmente en el rubro del petróleo y minerales, siendo el cobalto de la República Democrática del Congo uno de los más representativos. EUA pelea dichos recursos, entre otros existentes en ese país como lo es el protactinio, un actínido, a veces considerado como tierra rara, y que sólo se usa, por el momento, en actividades de investigación científica sobre materiales radioactivos.

Mediante un discurso que vincula por un lado la ayuda de EUA en la efectiva realización de la "capacidad y potencial" de África, con la problemática de la seguridad y el crimen organizado por el otro, el Africom, a la usanza de la ASPAN, considera implícitamente que los recursos naturales son pieza clave para el "desarrollo" del continente (en el sentido del desarrollo de economías extractivas de enclave). De ahí que el lema del Africom sea: "alianza, seguridad y estabilidad" (Africom, 2009). Se trata de un contexto en el que EUA deberá eufemísticamente velar por los recursos naturales para que, con su ayuda, eventualmente África pueda desarrollar su verdadera "capacidad" y "potencial". 0, en palabras del General William Ward, el Africom está "...orientado a prevenir el conflicto para permitir el trabajo de los Africanos" (Africom, sin fecha). Casualmente no es toda África la que interesa al Africom, sino sólo ciertas zonas de interés ricas en recursos.

Lo anterior, descodificado, implica que a EUA le interesa, entre otras cuestiones, velar por los recursos naturales para estimular economías extractivas de recursos energéticos y materiales críticos y estratégicos. Ello es explícitamente reconocido desde la década de 1980 cuando, por ejemplo, el Mayor E. A. Hagerman, de la Marina, expresaba en un comunicado que dada la creciente dependencia de EUA en minerales estratégicos, y considerando la riqueza pero también la volatilidad de África, era ya de tomarse en cuenta la posibilidad de una disrupción mayor en los suministros de minerales hacia EUA (Hagerman, 1984). Hagerman, consecuentemente, advertía la necesidad de asegurar suministros de cromo provenientes de Sudáfrica y Zimbawe; de manganeso y platino de Sudáfrica; y de cobalto proveniente de Zaire, Zambia, Marruecos y Botswana. En este último caso y dado que EUA obtenía en ese entonces el 65% de sus importaciones de Zaire, se precisaba que: “... una pérdida del cobalto de Zaire tendría un impacto drástico en EUA" (Hagerman, 1984). Para Hagerman era claro que:

 

[...] mientras EUA sea dependiente de las naciones africanas para su (sic) cromo, cobalto, manganeso y platino, será vulnerable a las acciones de esas naciones. Mientras la dependencia mineral crezca, EUA será menos capaz de reaccionar de manera efectiva ante disrupciones de los suministros. (Hagerman, 1984)

Tal vinculación de la seguridad nacional estadounidense a la cuestión medio ambiental y al acceso a los recursos naturales de otros países no ha dejado de ser un rasgo central de su geopolítica. Rasgo que obedece a problemas reales por el acceso a mayores cantidades de recursos necesarios para mantener sus despilfarradores patrones de consumo (característicos también del resto de países metropolitanos), pero también como corolario de la necesidad de construir una amenaza permanente por parte de un enemigo real o imaginario (dígase el "Sur" y sus movimientos sociales o gobiernos nacionalistas y/o el "terrorismo y el crimen organizado"), que permita justificar la posibilidad permanente de tomar medidas extraordinarias, drásticas o, incluso, de intervención militar en cualquier zona del planeta, en especial aquellas con recursos. En ese sentido, la "securitización" del medio ambiente no puede verse más que como una noción enteramente asociada al poder y al mantenimiento de las elites que lo detentan: es la realpolitik estadounidense que se presenta domésticamente como inevitable modus operandi, garante de la "subsistencia" del estilo americano de vida y, como soporte de éste, de la hegemonía nacional. Las implicaciones para América Latina son claras desde el pronunciamiento de la Doctrina Monroe: América como reserva estratégica para los americanos (léase estadounidenses).

 

América Latina y la proyección imperial de Estados Unidos en el siglo XXI

A principios de la segunda década del siglo XXI, dos parecen ser los ejes centrales de la proyección imperial de EUA en AL. Por un lado, una reorganización del Comando Norte y del Comando Sur, siendo, respectivamente, México y Colombia, las piezas clave. Por el otro, una presencia permanente y relativamente baja en cuanto al número de hombres pero con una movilidad y control mayor gracias a la presencia de añejas y nuevas bases y de otro tipo de infraestructura diplomática, militar y de seguridad. Pero, sobre todo, debido a la conformación de "fuerzas de emplazamiento rápido" con tecnología de punta (como los sitios operativos de avanzada) y a la flexibilización y apertura mayor del teatro de operaciones producto de acuerdos que permiten la libre movilidad y operatividad de tropas o cuerpos de seguridad de EUA en territorio extranjero o más concretamente en los commons latinoamericanos (e.g., Colombia, Panamá).

En este contexto, vale apuntar que entre los cambios hechos por el Pentágono al Comando Norte figura la suma, en 2008, de Puerto Rico y las bases en Islas Vírgenes, así como en las islas Turcos y Caicos en Bahamas (antes en el Comando Sur), transformando así al Comando Norte en un dispositivo fundamentalmente de control de México y el Caribe. De este modo, el Comando Norte ahora comprende a Alaska, Canadá, EUA. México y sus aguas continentales (hasta 500 millas náuticas), todo el Golfo de México y gran parte del Caribe.

Al Comando Sur, se mantienen vinculadas las posiciones de Guantánamo en Cuba y los Centros de Seguridad Cooperativa en Soto Cano (Honduras) y Aruba y Curaçao (Antillas Holandesas) y próximamente en Palanquero (Colombia), al tiempo que se consolida a Colombia como el principal nodo de operación y proyección hacia América del Sur con siete nuevas bases militares y la posibilidad de utilizar todo su territorio para operativos (aguas, tierra y aire)14. Panamá se acopla con la negociación de dos bases adicionales (Bahía Piña, en el límite con Colombia, y en Punta Coca, al occidente) y el derecho de uso de su espacio soberano en el mismo sentido que el negociado con Colombia. Aún así, el Comando Sur sigue teniendo presencia en México (sobre todo en el sur) con una Oficina de Asistencia para la Seguridad, misma que usualmente está vinculada a las embajadas de EUA.

En la región se suman otras figuras asociadas a dichas oficinas tales como: Grupos Militares (MILGP) en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela; Oficinas de Enlace Militar (MLO) en Belice, México, Brasil, Haití, Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Bahamas y Nicaragua; Oficinas de Cooperación de Defensa (OCO) en Costa Rica, Paraguay y Panamá; Grupos de Asesoría en Asistencia Militar (MAAG) en República Dominicana, El Salvador. Honduras, Guatemala y Perú; y Oficinas de Asistencia de Defensa (OAO) en Surinam y Barbados (www.southcom. mil/PA/facts/CmdOrg.htm).

Como eje articulador de la pinza que hacen el Comando Sur y el Comando Norte, se coloca la Iniciativa Mérida puesto que ésa también opera en menor medida en Centro América y Haití (donde EUA emplazó convenientemente muchas más tropas a partir del terremoto sufrido a principios de 2010)

Sólo considerando la "arquitectura" anterior es que puede leerse más finamente lo que en realidad significa la relativa baja presencia de militares estadounidenses en AL y que hasta el 30 de septiembre de 2009 eran formalmente reconocidos en el orden de los 2 mil hombres, http://siadapp.dmdc.osd.mil/-personnel/MILITARY/history / hst0909.pdf. A ésos se suman unos 800 hombres del Plan Colombia y unos 1.500 más del Comando Sur.

Llama la atención la facilidad con la que dicha arquitectura vincula pobreza, recursos naturales, desastres naturales (y entonces cambio climático) y seguridad.

El discurso sirve perfectamente para mantener y agudizar la proyección concreta de la Pax Americana vía su brazo diplo-militar, cuando y en donde sea conveniente. Esto claramente puede incluir escenarios de conflictos por los recursos donde el Pentágono velaría entonces por los intereses "del mercado" al facilitar el flujo de los recursos hacia ése. De advertirse es por tanto que la securitización de los recursos sugiera la toma de decisiones extraordinarias, comparables al caso de una amenaza militar, lo que incluso implica, naturalmente, la violación de toda soberanía nacional y autonomía de los pueblos; ello casualmente en zonas estratégicamente ricas en recursos.

En cualquier caso, resulta clara la extraordinaria relevancia que tienen los contextos, es decir, las características en el espacio y tiempo, tanto políticas, económicas, sociales e internacionales (relaciones diplomáticas, militares, etcétera) de las situaciones en las que se gestiona y evoluciona cada caso. Ésas pueden potenciar el conflicto por un recurso o varios, dígase cuando el contexto económico es de crisis aguda con altos índices de desempleo e inflación; cuando el contexto sociopolítico estimula la desconfianza social, el aumento del uso de la violencia del Estado o incluso la instauración de regímenes autoritarios; cuando se pugna por el mantenimiento de relaciones asimétricas que fomentan esquemas de economías de enclave netamente extractivas: etcétera. En este sentido, se puede visualizar que los conflictos por los recursos siempre tomarán su dimensión concreta en lo local, por más que tengan, o no, vínculos con esquemas de securitización de mayor perspectiva y dimensión.

Por tanto, de seguir la actual tendencia de devastación del medio ambiente y de crecientes patrones de consumo, lo que tenemos es un escenario de más y mayores conflictos locales-regionales por los recursos y, en su caso, de criminalización -con todas sus implicaciones- de los actores más débiles; un esquema en el que el discurso de la securitización es un elemento útil y desde luego ame¬nazante en los operativos de despojo y reapropiación de los recursos.

 

14Las bases son: Malambo, Atlántico; Palanquero. en el Magdalena Medio (programada para construirse ya en 2010); Apiay. en el Meta; las bases navales de Cartagena y el Pacífico; y ahora, el centro de entrenamiento de Tolemaida y la base del Ejército de Larandia, en el Caquetá.

 

 

 

Conclusiones: minería, medio ambiente y pueblos

La profundización de los esquemas de transferencia de riqueza de la periferia hacia los países metropolitanos, así como la agudización de la devastación ambiental que ésta y otros procesos generan, nos lleva a reflexionar sobre los impactos ambientales y sociales, pero también de sus costos en términos de vidas -no solamente humanas.

El debate sobre esta cuestión, con toda la amplitud de aspectos que vincula, se perfila como un asunto de trascendencia que se mantendrá en la agenda latinoamericana, tanto de parte de las elites de poder extranjeras y sus socios regionales (dígase oligarquía), como de la de los pueblos.

Se trata de un escenario en el que lo que está en juego es sobre todo la definición de cómo los pueblos latinoamericanos (y del mundo) han de relacionarse con la naturaleza y cómo han de gestionar su autonomía. Lo complejo del asunto es que con las características socioeconómicas de Latinoamérica, los límites sociales de tolerancia ante esquemas de creciente saqueo son cada vez menores, lo que ha tornado la lucha ambiental en una lucha de clase de diversos actores y con diversos lenguajes y expresiones. Por ejemplo, hay conflictos mineros que han resultado en la construcción de redes y frentes de discusión, debate y acción pacífica y/o legal a nivel local, nacional y regional, tales como la Red Mexicana de Afectados por la Minería, la Red de Comunidades Afectadas por la Minería en Argentina; el Frente de Defensa de Tambogrande y las organizaciones en lucha de la comarca Andino-Patagónica, ambos en contra de la minería; la organización de lucha de los habitantes de la cordillera de los Andes Chucutenses contra la minería a cielo abierto; la resistencia de la Asam¬blea de Vecinos Autoconvocados de Esquel en Argentina; etcétera. También es de mencionarse el trabajo de Acción Ecológica en Ecuador, el de Censat en Colombia, o el del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina; entre otros actores, incluyendo algunos de EUA y Canadá como MineWatch (EUA) , Mines and Communities (EUA) , MiningWatch Canada o Global Response (EUA)

Y si bien es cierto que no necesariamente todas las manifestaciones de descontento y lucha social como las antes indicadas son antisistémicas, en términos concretos, sí son una batalla contra la ideología y prácticas capitalistas y especialmente imperialistas. Por ello, es fundamental' dar cuenta de que la transferencia de recursos estratégicos con su correspondiente coste ambiental y social, de entrada se dificultará si crecientemente se continúan enlazando y coordinando esfuerzos (según las posibilidades de cada actor y comenzando por sus propios espacios cotidianos).

Abrir la posibilidad de revertir aquellos proyectos ecológica y socialmente negativos depende de qué tan sólido se construye el muro social con el que se toparán los diversos proyectos en cuestión, y que sólo son posibles gracias al papel activo de una elite latinoamericana que los avala y, por si fuera poco, que los promueve y ejecuta a pesar de que en el grueso de casos sólo figura como copartícipe (menor) del gran capital internacional. Nótese que no se trata de rechazar todo plan de desarrollo, sino sólo aquellos que atentan contra los pueblos y su entorno natural; de aquellos que tanto en la esfera del medio ambiente como en otras, privatizan beneficios y socializan costos.

Diplomática, militar y de seguridad. Pero, sobre todo, debido a la conformación de "fuerzas de emplazamiento rápido" con tecnología de punta (como los sitios operativos de avanzada) y a la flexibilización y apertura mayor del teatro de operaciones producto de acuerdos que permiten la libre movilidad y operatividad de tropas o cuerpos de seguridad de EUA en territorio extranjero o más concretamente en los commons latinoamericanos (e.g., Colombia, Panamá).

En este contexto, vale apuntar que entre los cambios hechos por el Pentágono al Comando Norte figura la suma, en 2008, de Puerto Rico y las bases en Islas Vírgenes, así como en las islas Turcos y Caicos en Bahamas (antes en el Comando Sur), transformando así al Comando Norte en un dispositivo fundamentalmente de control de México y el Caribe. De este modo, el Comando Norte ahora comprende a Alaska, Canadá, EUA. México y sus aguas continentales (hasta 500 millas náuticas), todo el Golfo de México y gran parte del Caribe.

Al Comando Sur, se mantienen vinculadas las posiciones de Guantánamo en Cuba y los Centros de Seguridad Cooperativa en Soto Cano (Honduras) y Aruba y Curaçao (Antillas Holandesas) y próximamente en Palanquero (Colombia), al tiempo que se consolida a Colombia como el principal nodo de operación y proyección hacia América del Sur con siete nuevas bases militares y la posibilidad de utilizar todo su territorio para operativos (aguas, tierra y aire). Panamá se acopla con la negociación de dos bases adicionales (Bahía Piña, en el límite con Colombia, y en Punta Coca, al occidente) y el derecho de uso de su espacio soberano en el mismo sentido que el negociado con Colombia. Aún así, el Comando Sur sigue teniendo presencia en México (sobre todo en el sur) con una Oficina de Asistencia para la Seguridad, misma que usualmente está vinculada a las embajadas de EUA.

En la región se suman otras figuras asociadas a dichas oficinas tales como: Grupos Militares (MILGP) en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela; Oficinas de Enlace Militar (MLO) en Belice, México, Brasil, Haití, Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Bahamas y Nicaragua; Oficinas de Cooperación de Defensa (OCO) en Costa Rica, Paraguay y Panamá; Grupos de Asesoría en Asistencia Militar (MAAG) en República Dominicana, El Salvador. Honduras, Guatemala y Perú; y Oficinas de Asistencia de Defensa (OAO) en Surinam y Barbados (www.southcom. mil/PA/facts/CmdOrg.htm).

Como eje articulador de la pinza que hacen el Comando Sur y el Comando Norte, se coloca la Iniciativa Mérida puesto que ésa también opera en menor medida en Centro América y Haití (donde EUA emplazó convenientemente muchas más tropas a partir del terremoto sufrido a principios de 2010)

Sólo considerando la "arquitectura" anterior es que puede leerse más finamente lo que en realidad significa la relativa baja presencia de militares estadounidenses en AL y que hasta el 30 de septiembre de 2009 eran formalmente reconocidos en el orden de los 2 mil hombres, http://siadapp.dmdc.osd.mil/-personnel/MILITARY/history / hst0909.pdf. A ésos se suman unos 800 hombres del Plan Colombia y unos 1.500 más del Comando Sur.

Llama la atención la facilidad con la que dicha arquitectura vincula pobreza, recursos naturales, desastres naturales (y entonces cambio climático) y seguridad.

El discurso sirve perfectamente para mantener y agudizar la proyección concreta de la Pax Americana vía su brazo diplo-militar, cuando y en donde sea conveniente. Esto claramente puede incluir escenarios de conflictos por los recursos donde el Pentágono velaría entonces por los intereses "del mercado" al facilitar el flujo de los recursos hacia ése. De advertirse es por tanto que la securitización de los recursos sugiera la toma de decisiones extraordinarias, comparables al caso de una amenaza militar, lo que incluso implica, naturalmente, la violación de toda soberanía nacional y autonomía de los pueblos; ello casualmente en zonas estratégicamente ricas en recursos.

En cualquier caso, resulta clara la extraordinaria relevancia que tienen los contextos, es decir, las características en el espacio y tiempo, tanto políticas, económicas, sociales e internacionales (relaciones diplomáticas, militares, etcétera) de las situaciones en las que se gestiona y evoluciona cada caso. Ésas pueden potenciar el conflicto por un recurso o varios, dígase cuando el contexto económico es de crisis aguda con altos índices de desempleo e inflación; cuando el contexto sociopolítico estimula la desconfianza social, el aumento del uso de la violencia del Estado o incluso la instauración de regímenes autoritarios; cuando se pugna por el mantenimiento de relaciones asimétricas que fomentan esquemas de economías de enclave netamente extractivas: etcétera. En este sentido, se puede visualizar que los conflictos por los recursos siempre tomarán su dimensión concreta en lo local, por más que tengan, o no, vínculos con esquemas de securitización de mayor perspectiva y dimensión.

Por tanto, de seguir la actual tendencia de devastación del medio ambiente y de crecientes patrones de consumo, lo que tenemos es un escenario de más y mayores conflictos locales-regionales por los recursos y, en su caso, de criminalización -con todas sus implicaciones- de los actores más débiles; un esquema en el que el discurso de la securitización es un elemento útil y desde luego amenazante en los operativos de despojo y reapropiación de los recursos.

 

14 - Las bases son: Malambo, Atlántico; Palanquero. en el Magdalena Medio (programada para construirse ya en 2010); Apiay. en el Meta; las bases navales de Cartagena y el Pacífico; y ahora, el centro de entrenamiento de Tolemaida y la base del Ejército de Larandia, en el Caquetá. 

 

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